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Computación· · Semestre: 2018–2021· 4 min de lectura

El Bátiz: tres años de Técnico en Programación en la vocacional más exigente del IPN

Entré al CECyT 9 "Juan de Dios Bátiz" el 13 de agosto de 2018 y salí el 23 de julio de 2021 con un bachillerato bivalente: certificado de preparatoria y título de Técnico en Programación. Lo que se estudia ahí, por qué tiene la fama que tiene, y qué me dejó.

Antes del ITAM hubo otra escuela, y explica bastante de cómo trabajo. El Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos No. 9 “Juan de Dios Bátiz” del Instituto Politécnico Nacional, la “Voca 9” para todo el mundo, en Mar Mediterráneo, colonia Popotla. Entré el segundo lunes de agosto de 2018 y salí el penúltimo viernes de julio de 2021.

Un bachillerato que también es una carrera

El IPN tiene un modelo bivalente: seis semestres que sirven a la vez como preparatoria y como carrera técnica. Al terminar obtienes el certificado de Bachiller Técnico Bivalente y, con servicio social y una opción de titulación aprobada, el título de Técnico en Programación con cédula profesional. El mío se expidió en diciembre de 2022, diecisiete meses después de egresar, un plazo normal con el rezago de la pandemia.

En la práctica eso significa cargar dos planes a la vez. Por un lado el tronco científico completo: Álgebra, Geometría y Trigonometría, Geometría Analítica, Cálculo Diferencial e Integral, Probabilidad y Estadística, cuatro semestres de Física y cuatro de Química, más filosofía, historia, comunicación y seis semestres de inglés. Por el otro, desde tercer semestre, la formación profesional en programación.

Los pilares del track de programación

El plan que cursó mi generación es el Plan 2008 del IPN, y su competencia general lo dice sin rodeos: desarrollar aplicaciones de software aplicando metodologías, estándares y herramientas de vanguardia. Se organiza en cinco pilares:

Además: Introducción a los Sistemas Distribuidos y Soporte de Software, que en su momento parecían lejanas y hoy son mi trabajo.

La fama, con números

La reputación del Bátiz no es folclore politécnico. El ingreso es por el examen COMIPEMS, y el corte del CECyT 9 fue de 102 a 106 aciertos de 128 cada año entre 2019 y 2023: el más alto de todos los planteles del IPN y unos diez aciertos por encima del segundo, el CECyT 13. La prensa lo describe como el plantel del IPN al que es más difícil entrar, y en 2012 El Universal lo reportaba como el mejor bachillerato del país en la prueba ENLACE por quinto año consecutivo, con el 92 % de sus alumnos en nivel excelente en matemáticas. El director de entonces lo resumía sin fórmula mágica: “dedicación y disciplina”.

En la comunidad la fama es la misma desde hace décadas: “la más matadita” en lo académico, la escuela donde “puedes sentir más presión que en la universidad”. Yo lo viví como lo describen. Ocho o nueve materias por semestre, exámenes departamentales, laboratorios de proyecto que se entregan sí o sí. Lo que se aprende, más que cualquier lenguaje, es a sostener una carga de trabajo alta durante tres años sin soltarla.

Lo que construí

En los laboratorios de proyectos hice aplicaciones de escritorio en Java (una calculadora, un gestor de inventario y cargas para una naviera), sitios en HTML5 escritos a mano, sin asistentes, y ejercicios de diseño de bases de datos en MySQL. El proyecto final fue un videojuego web en 2D hecho en PHP: un mundo abierto donde los niños tenían que resolver ejercicios de química para pasar de nivel. Mi primer lenguaje fue Java; después llegaron C y C++, PHP, JavaScript, Python y SQL. También gané el primer lugar de una feria escolar, aunque con un proyecto social de conciencia ambiental, no de programación.

Terminar en pandemia

La mitad de mi carrera técnica fue en línea: de marzo de 2020 al final, en julio de 2021. Los laboratorios de proyectos se volvieron repositorios compartidos y videollamadas, y la ceremonia de egreso fue virtual. No lo recomiendo, pero me enseñó a trabajar de forma remota y asíncrona antes de que fuera mi realidad laboral. Los exámenes remotos se hicieron deliberadamente difíciles: no había calculadora que los resolviera. Me costó adaptarme y el examen de titulación tuvo que esperar a 2022, cuando volvieron las sesiones presenciales; oficialmente egresé en julio de 2021. Llegué al Bátiz con 118 de 128 aciertos en el COMIPEMS, cuando el corte del plantel rondaba los 105.

Lo que me llevo

Que la disciplina se entrena como cualquier músculo, y que el Bátiz es un gimnasio. Que las pruebas de software no son un lujo sino parte del oficio. Y que llegar al ITAM con tres años de programación y bases de datos encima hizo que la carrera de Ciencia de Datos empezara, para mí, con ventaja en la parte técnica y con toda la humildad en la matemática.