El 3 de noviembre de 2025 fue mi primer día en Mercado Libre. Unas semanas antes había hecho la primera entrevista de trabajo de mi vida, y me gustaría dejar por escrito cómo se sintió, antes de que la memoria la convierta en algo más heroico de lo que fue.
Dos entrevistas, ninguna referencia previa
El proceso fue más corto de lo que temía. La primera entrevista mezcló dos cosas: conocerme como persona y hacerme preguntas técnicas y sobre mis proyectos escolares. Hablé de Fuentes de Datos, de bases de datos, de lo que había hecho en DataLab. La segunda fue con quien entonces sería una de mis jefas; hoy, tras un cambio de área, me quedé con mi jefe actual, Diego.
Lo que no sabía en ese momento es que estaba compitiendo con otros candidatos del ITAM, de la UNAM y del Tec. Saberlo después me ayudó a entender que, si me eligieron, fue por algo concreto y no por suerte.
Los nervios
Me puse muy nervioso. No tenía referencia de cómo se ve una entrevista desde adentro: si hay que hablar mucho o poco, si está bien decir “no sé”, si preguntar es señal de interés o de inseguridad. Lo que me salvó fue hablar de cosas que sí había hecho. Cuando la conversación llegó a un proyecto real, los nervios bajaron solos, porque ahí no había que interpretar un papel.
Lo que haría distinto
- Preparar tres historias cortas de proyectos, cada una con problema, decisión y resultado. Es lo que al final se pregunta, con cualquier redacción.
- Decir “no sé, pero lo averiguaría así” en lugar de rodear la pregunta.
- Preguntar por el equipo y por el día a día. Hoy trabajo en remoto con gente de México, Brasil y Argentina, en español, y eso era algo que me habría gustado saber antes.
Lo que me llevo
Que la primera entrevista de la vida se gana antes, haciendo cosas de las que se pueda hablar. Y que los nervios no desaparecen: se vuelven manejables cuando uno tiene algo verdadero que contar.